Ça plane pour moi, filosofía de vida
Sales de casa, despeinado. Cigarrillo en mano, echas el humo en la cara de un niño. Eres provocador. Aplastas las hojas secas con tus botas militares. Y así, esquivas prejuiciosas miradas de seres grises que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. Eres todo modernidad, todo corporal corrupcionismo. Saltas sobre un contenedor de basura que está marcado con el graffiti que hiciste el otro día. “Fuck the system”. Echas una calada y se la dedicas a ese Dios que sabes que no existe, alzando la vista y mirando el bonito cielo londinense, al fin conquistado por el azul. Deseas entonces volar. Y lo haces. Vuelas por encima de las escasas nubes viendo, despreocupado, las miserables vida de las humildes gentes del pobre barrio londinense en que vives. Gritas: “ÇA PLANE POUR MOI!” y miles de fieles te acompañan. Juntos, haceis que todos aquellos que os prejuzgaron mueran de la envidia. ¿Y si un nuevo mundo es posible? Tampoco os importa demasiado. Descansais en una casa okupa y tras un par de porros caeis en manos de la locura, que os lleva a soñar en cosas que de verdad os importan. Veis entonces a los gordos y corruptos políticos, fumándose el dinero que vuestras madres pagan en concepto de impuestos. Os cagais en Dios y en el Estado. Y os quejais de que luego tengan la cara de llamaros antisistemas, ¡cuando por todos es sabido que el sistema es anti-vosotros! Veis ese pequeño avión de juguete que os regaló vuestro querido padre cuando aún erais pequeños y vuestra inconsciencia os hacía felices. Jugais con el avioncito y, cuando vuestro hermano os lo pide, decís que no y gritais: “ÇA PLANE POUR MOI!”. Despertais. Todo sobresaltados. Y quereis ir a liarla. Ya es de noche y los locales punks londinenses están que arden. Allí vais, bailais pogo hasta el amanecer y sois más felices que ninguno. “Estos punks, ¿cuándo se callarán?”. Llegan gritos desde todos los rincones. Irrumpe la policía en el local. Mala elección. Nadie sabe muy bien cómo, pero los policías acaban con la camisa a medio abrochar encima del escenario gritando: “ÇA PLANE POUR MOI!”. Reís y las miradas furtivas se hacen constantes, creando una historia de amor en un antro en el que la gente piensa que sólo caben las drogas y el desenfreno. Obviamente están todos equivocados, aunque obviamente también acabais follando en el “baño” del local, casi a oscuras. Varias veces os interrumpen un par de parejas con las mismas intenciones. “¿Pero qué pasa? ¿Aquí nadie mea o qué?” Salis del “baño”. Una sonrisa de oreja a oreja. Y un piti. Y otro. Y otro. Y acabais con la coca. Como lobos salvajes ante la Luna llena aullais un sonoro “Uh, uh, uh, uh” a viva voz. Una hastiada vecina sale con rulos en la cabeza a su puerta y os persigue mientras grita cosas que no llegais a entender. El vaho escapa de vuestros cuerpos y os hace parecer locomotoras. Llegados al Andén 5, os tirais en el césped del parque, cuya valla habeis saltado fácilmente. Allí tirados, reís sobre las cosas más serias de la vida. Ni un solo argumento. “¿Para qué?”, preguntais muy acertadamente. Nadie sabe muy bien qué hora es pero el efecto de las drogas se ha pasado y necesitais un descanso. Os despedís con un par de hostias en el cogote y prometeis veros mañana, “como sea y donde sea”. El espíritu liberal se apodera de vosotros. De repente, veis un avión en el cielo y gritais todos a la vez: “ÇA PLANE POUR MOI!”. Os mirais, reís, y cada uno sigue su camino.
