http://grooveshark.com/s/Claire+De+Lune/3yQr0A?src=5
Puñalada tras puñalada. Y una última bocanada de aire. Un último suspiro. Y una galería de fotos esfervescentes vuela ya. Allá van, tus sueños, infantiles.
¿Qué son los sueños en una vida ya adulta? No más que estorbos, escombros de una antigua vida mejor, los restos que nos dejó la evolución, nuestro inútil aferramiento a la infancia; y poco más. Por no decir: nada.
Y ese acorde. Como cañonazo en pleno corazón. Duele. Duele como perderte. Sabes que va a llegar. Sabes que está ahí. Pero, ingenuo de ti, imaginas que esta vez no, que no volverá a pasar, que esta vez será distinto. Pero, obviamente, no lo es.
Mientras tanto, miles de personas a tu alrededor observando, atónicos, perplejos e inmóviles, cómo diriges tu vida rápida e irrefrenablemente hacia la muerte. La muerte por dentro.
De una forma muy visual, visualizas la bala, saliendo de la pistola, a cámara lenta. Y ahí llega, mientras que nota tras nota, con su equivalente frecuencia, se va cargando tus oídos, tu intermo, tu Todo, tu ser más profundo, tu alma.
Y nadie hace nada. Ni tú mismo.
Ya estás tirado en el suelo. Un estruendo te apabulla. Son los aplausos que aprueban tu muerte. Viva el espectáculo. “¡HÉROE!”, gritan los pobres desgraciados.
Pero entonces, te levantas, como puedes, cual zombie, y simplemente susurras a los oídos de Dios:
“homo hominis lups”.
Y te derrumbas. Como aquel día derrumbaste aquellas torres ajenas. Como aquella muralla que cayó. Como esos dias en los que el Sol no salió. Como aquella noche en la que no estabas.
Todo doloroso. Pero todo lo doloroso se convierte en esperanza. La falsa e inútil esperanza que hace que los seres humanos sigamos con vida. ¿Qué somos, acaso, nosotros? Nada más que algo más, ahí puesto, por alguna razón, para que juguemos nuestras cartas.
Pero poco podemos hacer ya. La esperanza no sirve y estamos perdidos.
Y todo porque SOMOS MIERDA. Vaya, a quien se lo digas no se lo cree…
Escrito en Lo malo es siempre lo mejor